El subsuelo de Córdoba no es homogéneo. Llevamos años viendo cómo las margas y calizas fracturadas del Mioceno, típicas de la campiña, alternan con rellenos aluviales del Guadalquivir y paquetes de gravas cerca del río. Esa variabilidad se traduce en contrastes de conductividad eléctrica que un estudio preliminar de gabinete no puede predecir. Por eso, cuando un proyecto requiere conocer la profundidad del nivel freático, la corrosividad del terreno o diseñar una malla de puesta a tierra eficaz, aplicamos el Sondeo Eléctrico Vertical con configuración Schlumberger. No es un simple ensayo de campo: la interpretación de las curvas de resistividad aparente exige correlacionar los datos con la geología local. En la zona del Polígono de Las Quemadas, por ejemplo, la presencia de arcillas expansivas con sales disueltas obliga a ajustar los modelos de inversión para no subestimar el riesgo de corrosión en estructuras enterradas. Para proyectos de edificación, complementamos este perfil geoeléctrico con un ensayo CPT cuando necesitamos verificar puntualmente la resistencia del terreno en los estratos de baja resistividad, o con calicatas para identificar visualmente la litología en los primeros metros donde el SEV pierde resolución.
Un SEV bien ejecutado en las margas de Córdoba distingue el paquete conductor de arcillas del resistivo de calizas fracturadas, clave para no sobredimensionar una puesta a tierra.
