Lo vemos con frecuencia en Córdoba. Se proyecta un aparcamiento subterráneo o un sótano en una zona con pendiente hacia el Guadalquivir y se asume que el terreno es impermeable porque a simple vista parece compacto. El error sale caro. A los pocos meses de la excavación aparecen filtraciones que paralizan la obra y disparan los costes de bombeo. La permeabilidad de un suelo no se adivina. Se mide in situ. Por eso, antes de diseñar cualquier sistema de drenaje o contención en la capital cordobesa, realizamos ensayos Lefranc y Lugeon. El Lefranc nos da la permeabilidad en suelos. El Lugeon, en macizos rocosos. Ambos son imprescindibles cuando el nivel freático está cerca, algo habitual en las terrazas fluviales de la ciudad. Un dato mal estimado en gabinete puede convertir una obra viable en un problema crónico.
Un solo ensayo Lugeon en roca fracturada de Córdoba puede evitar meses de bombeo y decenas de miles de euros en sobrecostes.



