Las margas y calcarenitas del subsuelo cordobés, combinadas con los veranos secos que superan los 40 °C y las lluvias torrenciales de otoño, plantean un escenario muy particular para cualquier excavación. En Córdoba, la alternancia de estratos blandos y roca meteorizada obliga a un control constante de los taludes y las pantallas de contención, sobre todo cuando las obras se sitúan cerca del Guadalquivir o en el casco histórico, donde la proximidad de la Mezquita-Catedral impone restricciones de vibración muy estrictas. Nuestro equipo despliega inclinómetros, piezómetros y células de carga para que la excavación no deje de estar bajo control ni un solo día. Antes de abrir el frente conviene tener claros los parámetros resistentes mediante ensayos triaxiales sobre muestras inalteradas, y si la obra se extiende hacia el viario consolidado, las mediciones de vibraciones con sismógrafo ayudan a prevenir reclamaciones por daños en edificios colindantes.
En el centro de Córdoba controlamos la excavación con umbrales de velocidad de deformación, no solo con desplazamientos absolutos, porque el keuper expansivo avisa deformándose lento pero constante.



